La misión europea Euclid partió a la conquista del lado oculto del Universo

Con un costo estimado de 1.500 millones de euros, equivalentes a 1.630 millones de dólares, la misión europea debe prolongarse como mínimo hasta el año 2029.

El telescopio espacial europeo Euclid despegó este sábado para intentar arrojar luz sobre dos de los mayores enigmas científicos, la materia oscura y la energía oscura, que componen el 95% del Universo pero de las que ignoramos casi todo.

 

El satélite despegó de Cabo Cañaveral, Florida, acoplado a un cohete Falcon 9 de la compañía estadounidense SpaceX. Poco después, una vez separado del cohete, emitió su primera señal, tal como estaba previsto. “El lanzamiento fue perfecto”, dijo Carole Mundell, directora científica de la ESA. “Ahora comienza ese viaje”.

El telescopio de dos toneladas, que se situará a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, tiene como objetivo comprender mejor la materia oscura, que mantiene unidas a las galaxias, y la energía oscura, responsable de la expansión del universo.

Juntas constituyen el 95% del universo, pero siguen siendo uno de los mayores misterios de la cosmología. Desde su nuevo emplazamiennto, Euclid, bautizada en honor al inventor de la geometría (Euclides), trazará un mapa tridimensional del universo que englobará dos mil millones de galaxias en una porción de un tercio de la bóveda celeste.

a tercera dimensión del mapa será el tiempo: captando la luz de galaxias situadas a hasta 10.000 millones de años luz, Euclid se sumergirá en el pasado del universo, nacido hace 13.800 millones de años.

Desvelaremos los misterios del Universo Oscuro”, afirmó Mundell.

El objetivo es reconstituir su historia fragmentándola en “porciones de tiempo”, explicó en una rueda de prensa el astrofísico Yannick Mellier, jefe del consorcio Euclid, que integra 16 países. La misión confía en detectar las huellas dejadas por la materia y la energía oscuras durante la formación de las galaxias.

Estos dos componentes de naturaleza desconocida parecen gobernar el universo, del que solo un 5% está compuesto por materia “ordinaria” y visible. Para el responsable de la misión, Giuseppe Racca, este desconocimiento es una “vergüenza cósmica”.

“Todo va demasiado rápido”

Sin ellas, los científicos no pueden explicar el funcionamiento del cosmos. La incógnita se remonta a los años 1930, cuando el astrónomo suizo Fritz Zwicky observaba el cúmulo de galaxias de Coma y lanzó la hipótesis de que una parte importante de su masa era invisible.

 

Casi un siglo después, hay un consenso en la comunidad científica sobre la existencia de esta materia ausente, llamada oscura porque ni absorbe ni refleja la luz.

“Cuando miramos la parte emergida del iceberg hay algo que no entendemos: todo va demasiado rápido”, resume David Elbaz, colaborador de Euclid.

La velocidad de rotación de las estrellas en las galaxias, incluida la de nuestro sol, es tan elevada que deberían salir despedidas “como un cohete que se libera de la gravedad terrestre y se va”, explica a la AFP este astrofísico.

Pero esto no ocurre. “Deducimos que existe un suplemento de gravedad que las atrapa”, como si fuera cemento.

A finales de los años 1990, los astrónomos detectaron una segunda anomalía que afectaba a todo el universo: las galaxias se alejan unas de otras cada vez más rápido, bajo el efecto de una fuerza repulsiva llamada energía oscura.

Esta aceleración de la expansión del universo habría comenzado hace seis mil millones de años. Al retroceder hasta 10.000 millones de años, Euclid podría observar los primeros efectos de la energía oscura e identificarlos mejores, confían sus responsables.

¿Pero cómo observar lo invisible? Midiendo su ausencia mediante el efecto de deformación llamado lente gravitatoria: la luz procedente de un objeto lejano como una galaxia es desviado por la materia visible y la materia oscura que encuentra en su camino hasta la Tierra.

 

Casi un siglo después, hay un consenso en la comunidad científica sobre la existencia de esta materia ausente, llamada oscura porque ni absorbe ni refleja la luz.

“Cuando miramos la parte emergida del iceberg hay algo que no entendemos: todo va demasiado rápido”, resume David Elbaz, colaborador de Euclid.

La velocidad de rotación de las estrellas en las galaxias, incluida la de nuestro sol, es tan elevada que deberían salir despedidas “como un cohete que se libera de la gravedad terrestre y se va”, explica a la AFP este astrofísico.

Pero esto no ocurre. “Deducimos que existe un suplemento de gravedad que las atrapa”, como si fuera cemento.

A finales de los años 1990, los astrónomos detectaron una segunda anomalía que afectaba a todo el universo: las galaxias se alejan unas de otras cada vez más rápido, bajo el efecto de una fuerza repulsiva llamada energía oscura.

Esta aceleración de la expansión del universo habría comenzado hace seis mil millones de años. Al retroceder hasta 10.000 millones de años, Euclid podría observar los primeros efectos de la energía oscura e identificarlos mejores, confían sus responsables.

¿Pero cómo observar lo invisible? Midiendo su ausencia mediante el efecto de deformación llamado lente gravitatoria: la luz procedente de un objeto lejano como una galaxia es desviado por la materia visible y la materia oscura que encuentra en su camino hasta la Tierra.