¡A leer, a leer, todos con alegría!

Por Enrique E. Batista J., Ph. D. 

Hay niños y jóvenes, y también millones de adultos, que no saben leer para comprender. Esto llena de tristeza, niega derechos fundamentales, niega la democracia, la igualdad y el progreso colectivo, a la vez que cimienta la discriminación en el acceso a los bienes materiales, culturales y espirituales creados por la humanidad para el gozo por todos.  

Hace unos meses visité una librería anticuaria en las que siempre es posible encontrar algunas joyas bibliográficas descartadas por algunos y que son de alta valía emocional para otros. Es posible, incluso, llegar a encontrar algunos incunables. En efecto, tras revisar varios textos recorridos ya por el amarillento paso de los años sobre el papel testigo y heraldo portador de tantos y tantos mensajes de lúcidas mentes humanas, me topé con un ejemplar de 1948 del libro de texto para primer año de primaria titulado “La Alegría de Leer”, el mismo texto con el que aprendí la dicha de la lectura, apoyado por maestras insuperables y por mi madre y hermanas que ya podían leer bien y disfrutar de la fortuna que significaba leer. 

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